DE CORRUPTOS, CORRUPCIONES Y CORRUPTÓMETROS

Por Vicente Amador


Si nos preguntaran qué tan corrupto consideramos es México, en una escala del uno al diez, ¿qué calificación le pondríamos? Transparencia Internacional acaba de publicar los resultados sobre la percepción de corrupción de 180 países, un corruptómetro que considera la opinión de analistas, empresarios y académicos.

En el contexto internacional, los países con la peor percepción de corrupción fueron Somalia, Sudán del Sur, Siria, Yemen y Venezuela, que están entre los 9 y los 16 puntos sobre cien. Sin duda, reprobados. Los mejor evaluados fueron Dinamarca, Nueva Zelanda, Finlandia, Singapur, Suecia y Suiza; cada uno de ellos obtuvo entre 85 y 87 puntos.


Transparencia Internacional también nos dice que más de dos tercios de los países —incluidas las economías más avanzadas del mundo— muestran signos de estancamiento o de retroceso en sus esfuerzos anticorrupción. ¿Nos cansamos de dar la batalla? ¿bajamos la guardia?


“Se nos acabó la vergüenza. Antes robar daba pena, ahora celebramos socialmente las fortunas de los corruptos”, respondió una amiga, quien inmediatamente completó su argumento tarareando Cambalache, de Enrique Santos Discépolo: «Hoy resulta que es lo mismo / Ser derecho que traidor… / Si uno vive en la impostura / Y otro roba en su ambición / Da lo mismo que sea cura / Colchonero, Rey de Bastos / Caradura o polizón».


La pregunta obligada es, ¿cómo le fue a México? En 2019 obtuvimos una calificación de 29/100. Mejoramos un punto respecto al año anterior. En otras palabras, tenemos la impresión que México es un poquito menos corrupto. Es algo positivo porque se detiene la caída continua advertida desde el 2015.


No sé si mi madre habría celebrado que, en mi infancia, hubiera llegado feliz a casa argumentando una mejoría porque subí, de un año a otro, un punto sobre cien. Por supuesto, peor sería ir hacia atrás. Para mayor contexto consideremos que estamos en la posición 130 de 180 países evaluados. El año pasado estábamos ocho lugares atrás.


En el grupo de países de la OCDE, seguimos hasta el final, en la posición 36 de 36. Por otro lado, se entiende que la lucha anticorrupción del Presidente López Obrador tiene un efecto en la percepción de los ciudadanos. Ha sido uno de sus caballos de batalla. Por ello, me animo a pronosticar que el siguiente año seguiremos mejorando en el ranking si consideramos, también, que estos resultados incluyen en su medición algunos meses del sexenio anterior. Sin embargo, en adelante, la percepción no cambiará significativamente mientras no veamos criminales, “de los de a de veras”, en la cárcel. Usted conoce bien los nombres de esos corruptos de cepa.


A nivel de tierra, cada ciudadano tiene en sus manos una decidida participación en la lucha anticorrupción justo en ese instante de libertad, ese espacio temporal determinante antes de ofrecer o de aceptar un soborno, por ejemplo. Me refiero a ese preciso momento en el que no sacamos el billete, ese momento del que depende en gran medida que realmente seamos un México libre de corrupción.


@VicenteAmador

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