El “Adultocentrismo” sí existe

Actualizado: 24 ago 2021

Por Maleny Díaz Brito


Como en todos los cuentos; la vida tiene algunos villanos que nos asustan, cuando estamos en la niñez suele ser “el coco” o “el viejo del costal” quienes más nos aterran, estos personajes aparecen cuando los niños y las niñas se portan mal o hacen berrinche, y aunque no conocemos sus rostros, sabemos que están ahí.

Ojalá todo acabara cuando crecemos y nos damos cuenta de que no hay nada debajo de la cama, ni escondido en el armario, pero por desgracia… ¡Lo mismo sucede cuando somos adultos! Cuenta la leyenda que existe un monstruo en nuestra sociedad, uno que pocas personas han mirado a los ojos, pero que vive entre nosotros. Se trata del terrible y abominable adultocentrismo, existe y hay que temerle.


A este ser lo podemos encontrar en la vida cotidiana de la niñez y en la forma en la que se relacionan con sus tutores, cuidadores, profesores, médicos, autoridades, incluso aparece en algunas prácticas jurídicas. Aunque muchas personas mayores de edad no creen que sea real, hay pistas para encontrarlo y acabar con él, pero para lograrlo debemos poder reconocerlo cuando aparezca.


Podemos encontrar al adultocentrismo en la normalización del trato de sometimiento que de las personas adultas ejercen sobre las personas menores de edad, atribuyéndoles una serie de características que los definen como seres inferiores o insuficientemente desarrollados como para mostrarles el mismo respeto que a los demás o tomarlos en consideración.


Además de ser una criatura horrorosa también provoca cosas desastrosas; por ejemplo, influye en rol que desempeñan los adultos respecto de las niñas y los niños ya que los obliga a tratarlos como meros objetos, ¡Sí, como objetos! y no como sujetos de derechos, lo que impide el reconocimiento de su valía y dignidad humana.


Con su poder hipnotizador este monstruo induce mensajes en la mente de los adultos haciéndoles creer que su visión del mundo es el único modelo de referencia, permitiendo que se repitan una y otra vez frases como estas: “cuando seas grande puedes dar tu opinión”, “este niño es mío y si quiero me lo como”, “aquí mando yo”, “los niños mienten” y “¿por qué? porque yo lo digo y punto”.


Otras veces, el adultocentrismo influye en las conductas de las personas, permitiendo que a los niños y las niñas se les invisibilice, descalifique, amenace, ridiculice e incluso se les trate de forma cruel, o peor, se inflijan castigos con violencia destruyendo los vínculos afectivos de las familias y la sociedad.


Aunque nos neguemos a creerlo, y suene como un cuento de fantasía, la existencia de esta bestia destructiva es una realidad, pues de acuerdo con la Encuesta Nacional de los Niños, Niñas y Mujeres en México (ENIM), el 63% de niñas y niños menores de 14 años experimentan agresiones psicológicas o castigo físico como método de crianza o educación dentro del seno familiar o en los espacios escolares o comunitarios.


Las prácticas más comunes suelen ser agresiones psicológicas seguidas por otro tipo de castigos físicos y, en último lugar, castigos físicos severos (palizas o golpes con objetos). Regularmente, las niñas sufren relativamente más agresiones psicológicas que los niños; en cambio, los niños suelen ser disciplinados con cualquier tipo de castigos físicos o con formas más severas.


Cifras del Instituto Nacional de Salud Pública indican que, a nivel nacional, 0.4% de niñas, niños y adolescentes de entre 10 y 17 años sufrieron algún daño en su salud a consecuencia de algún robo, agresión o violencia en el hogar, de las niñas y niños que fueron violentados, las principales agresiones fueron verbales (48%), golpes, patadas, puñetazos (48%) y otros maltratos (20%), la violencia físicamente más severa como agresiones sexuales, empujones desde lugares elevados, heridas por arma de fuego o estrangulamiento oscilaron desde 16% hasta 0.5%.


Ante las cifras desalentadoras, en diversas oportunidades el Comité de los Derechos del Niño; que es un organismo internacional conformado por un grupo de personas que llamaremos “niñólogos”, han recomendado que nuestro país adopte las mejores estrategias para que la crianza con ternura y respetuosa, por lo que han mostrado su preocupación respecto del contexto de violencia que viven niñas, niños y adolescentes en México.


En conclusión, el adultocentrismo se ha aprovechado la aceptación tradicional de los castigos corporales y humillantes en la sociedad para subsistir, esto ha hecho que se haga cada vez más astuto porque ahora se alimenta del miedo, sobre todo del miedo al cambio de paradigma que supone respetar en todo sentido los derechos de la niñez.


Podemos destruirle si tomamos en cuenta que se hace más poderoso mediante la desinformación, pues con sus artimañas les hace creer a muchos adultos que el derecho de la niñez a opinar, expresarse y participar en los asuntos que les incumben significa que pueden tomar y seguir sus propias decisiones sin ningún límite; sin embargo, esto no es así, se trata de dirigir nuestras acciones, actitudes y prácticas sociales hacia formas de crianza respetuosa.


Pero ¡cuidado! recordemos que el rostro del adultocentrismo no lo conocemos… bueno, tal vez sí, es posible que de vez en cuando nos salude en el espejo. La buena noticia es que ¡tenemos el antídoto para este mal! y lo mejor es que podemos trabajar colaborativamente para lograr esta misión, al vigilar y contribuir para que se priorice el interés superior de la niñez lograremos acabar con los poderes malvados del adultocentrismo para que las niñas y los niños puedan vivir felices para siempre.