Ensuciando la poca agua que nos queda

Por Carolina Estrada


Hoy México vive una de las sequías más fuertes de los últimos años a pesar de encontrarnos en plena temporada de lluvias. En julio de este año, la CONAGUA declaró una emergencia por sequía dado que setenta por ciento del territorio del país presentaba algún tipo de sequía. Según el análisis del Monitor de Sequía en México, el promedio de municipios afectados ha disminuido desde el 15 de julio gracias a la actividad de huracanes y monzones. Sin embargo, las lluvias siguen por debajo del promedio histórico y del pronóstico para el año. Actualmente sólo siete estados del país no registran algún municipio con afectaciones por sequía y suman ya 770 los municipios en todo el país que así lo hacen. El panorama difícilmente mejorará en el futuro dado que las causas del problema no se están atendiendo o están fuera del control actual de cualquier instancia. Más allá de crear nuevos acueductos para seguir explotando más cuerpos de agua o implementar medidas paliativas para atender el problema, los gobiernos locales y federales no están actuando conforme a la gravedad del fenómeno.

Por su ubicación central, México es uno de los territorios más vulnerables ante el cambio climático. El sitio oficial del Cambio Climático para México detalla que entre el 2015 y 2039 podría disminuir la precipitación anual entre diez y veinte por ciento, aumentando las sequías intensas y prolongadas principalmente en el norte del país. ¿Qué estamos haciendo para cuidar la poca agua que nos queda? La estamos cagando, básicamente. En México y en el mundo, principalmente occidental, estamos cagando, orinando, vomitando, entre muchas otras cosas, diariamente y varias veces al día, el agua dulce de que disponemos para cocinar, lavar, asearnos, etc. Y todo por haber basado nuestro desarrollo urbano en algo tan sinsentido como el WC.


¿A quién se le ocurrió que era una buena idea usar agua para deshacerse de la inmundicia? A varias civilizaciones, pero la más conocida es la romana. De hecho, hay quien piensa todavía que este invento es una de las genialidades occidentales más destacadas. Aunque no se trataba del sistema que hoy en día conocemos, fue el inicio de la costumbre de usar agua para deshacerse de la mierda. El inodoro fue inventado en 1596, por sir John Harrington, pero para entonces no había una red de alcantarillado y le fue negada la patente de su invento. Alexander Cummings retomó la idea de Harrington y en 1775 patentó un retrete bajo el mismo principio del anterior: una descarga de agua limpia que arrastra los desechos. Él creó la famosa tubería en forma de “S” del inodoro, que permite que cierto nivel del líquido se mantenga en la taza y creé una barrera de agua limpia para evitar que el olor regrese. El modelo original presentaba muchas posibilidades de mejora que, con el paso de los años, han ido cubriéndose.


En general, antes del sistema de drenaje y alcantarillado, los desechos fecales eran vertidos aquí y allá sin ningún reparo, a veces eran usados como fertilizantes pero no recibían un tratamiento específico que evitara enfermedades y procurara la limpieza. Caso aparte está el de los antiguos mexicas, cuya ciudad fue fundada en un lago y que entendían a la perfección la necesidad de mantener limpia el agua en la que vivían, porque se había convertido en su medio, en su casa. Se cuenta que una de las mayores maravillas del imperio azteca era el sistema de acueductos que llevaba agua a Tenochtitlán desde los manantiales aledaños mientras que las excretas eran usadas como fertilizante en las chinampas de Xochimilco.


El sistema de alcantarillado no fue popular sino hasta la epidemia de cólera que azotó Europa durante el siglo XIX, momento en el que la gente se dio cuenta de la importancia de tratar la excreta humana. La solución fue utilizar una red de drenaje que llevara las excretas y aguas al mar utilizando cuerpos de agua dulce, bajo el entendido de que en el mar éstos dejarían de ser un problema. La realidad es muy distinta.


La excreta humana pertenece a la tierra, no al agua. Todas las criaturas, al defecar, tributan al medio en el que viven, devolviendo los nutrientes que en el suelo o las aguas se convertirán en alimento para todos los organismos transformadores como bacterias, hongos, algas y descomponedores de todos los niveles. Dado que nuestro hábitat natural no es ese, nuestras excretas no contribuyen en nada al medio acuático, al contrario, lo saturan de sustancias que merman el oxígeno y convierten el medio en un lugar inhóspito para la vida o que favorecen el incremento de organismos que desequilibran el medio. Fenómenos como el sargazo dan cuenta de la equivocación que implica verter aguas residuales al mar. Pero el problema no termina ahí porque los cuerpos de agua cercanos a los asentamientos humanos, incluso si no se trata de ríos que corran naturalmente, están siendo usados como vertederos de desechos, basura y cuanta porquería se nos ocurre. Presas, lagos y hasta cenotes son convertidos en cloacas año con año conforme la mancha urbana avanza. Y todo por la comodidad de jalarle al baño y olvidarnos del problema.


¿Cuál es la solución entonces? ¿Cómo evitar que nuestros residuos fecales se conviertan en focos de infección e inmundicia? ¿Acaso tenemos que regresar a la Edad Media para dejar de contaminar el agua? No, no tenemos que volver a usar letrinas para no contaminar el agua, ni siquera necesitamos plantas de tratamiento, basta con usar un baño seco: una forma de compostaje de la excreta y la orina humana que permite convertir el residuo en abono, apto para el uso directo en árboles frutales y flores (una vez cumplido el plazo natural de compostaje que va en promedio de seis meses a un año) o en horticultura una vez tratado. El baño seco utiliza el mismo principio que el arenero del gato: vas, haces lo tuyo y cuando terminas le pones aserrín, hojarasca o material seco para evitar que el olor inunde la habitación. Se puede adaptar uno directamente en el baño si cuentas con un espacio para compostar al aire libre o instalar un baño con cámara subterránea que te permitirá ahorrarte el compostaje manual. Pero no te preocupes, también hay servicios de entrega y recolección que se encargan de realizar el trabajo sucio por ti.


Dado que desde tiempos de la antigua Roma el inodoro fue accesible para la nobleza y las clases dominantes, usar agua para manejar las excretas nos hace sentir limpios, civilizados, pulcros. Tenemos demasiado arraigado el uso del inodoro. Al grado que no es de extrañar que se piense que usar un baño seco y un sistema de compostaje es algo rudimentario, carente de limpieza y hasta impúdico. Pero la realidad es que no sólo contribuye a mejorar y sanar el medio ambiente, sino que puede ser tan manejable y fácil de usar como cualquier inodoro. Y no es la única alternativa, también existen los biodigestores que transforman la excreta en gas apto para cocinar y en fertilizante líquido.


En un futuro para nada lejano no será una opción usar un baño seco o un sistema de biodigestión, sino una realidad que todos tendremos que enfrentar. Probablemente ya sea muy tarde para ver los ríos, presas y lagos descontaminados, pero tal vez no. Sueño con el día en que ese río que corre a un lado de mi casa, hoy lleno de porquería e inmundicia, pueda traer agua limpia para mi familia. Apta para cultivar alimento, apta para sostener vida.


Por muy poco que nuestra caca represente frente a la población que usa el agua para deshacerse de sus excretas, tiene el poder de ensuciar litros y litros de agua al jalarle al excusado. Una muestra simple del poder que cada uno tiene.