Las secuelas de la guerra contra el narco
- marcomiranda75
- 27 mar
- 3 min de lectura
Uno de cada 10 soldados vive con estrés postraumático
A casi dos décadas del inicio de la estrategia de seguridad militarizada, estudios y especialistas advierten que al menos el 12% de los elementos de las fuerzas federales presenta síntomas de estrés postraumático. El problema, sin embargo, sigue invisibilizado.

La guerra contra el narcotráfico en México no solo ha dejado violencia en las calles. También ha dejado una herida menos visible: la salud mental de quienes la combaten.
De acuerdo con datos retomados por especialistas en seguridad y salud, alrededor del 12% de los soldados que han participado en operaciones contra el crimen organizado presentan síntomas de estrés postraumático (TEPT), una condición asociada a la exposición constante a situaciones de violencia extrema.
El problema no es nuevo. Lo que sí es preocupante es que no hay estudios públicos recientes que permitan dimensionar con precisión el impacto actual en las fuerzas armadas. El último análisis amplio conocido data de hace más de 30 años, lo que deja un vacío crítico en la comprensión del fenómeno.
Una guerra sin diagnóstico completo
Desde que México intensificó su estrategia militar contra el narcotráfico en 2006, miles de elementos han sido desplegados en operativos de alto riesgo.
En ese contexto, los soldados han estado expuestos a:
Enfrentamientos armados constantes
Escenarios de violencia extrema
Contacto directo con víctimas y cadáveres
Estrés prolongado en zonas de alta inseguridad
Sin embargo, a diferencia de otros países con participación militar en conflictos, México no ha desarrollado un sistema robusto de evaluación psicológica postmisión.
Especialistas advierten que esto no solo invisibiliza el problema, sino que puede agravar sus consecuencias.
El costo silencioso
El trastorno de estrés postraumático puede manifestarse de múltiples formas:
Ansiedad constante
Insomnio
Irritabilidad
Flashbacks de eventos violentos
Dificultad para reintegrarse a la vida civil o familiar
En casos más graves, puede derivar en depresión, consumo de sustancias o incluso conductas suicidas.
A pesar de ello, dentro de las fuerzas armadas persiste un factor adicional: el estigma.
Hablar de salud mental sigue siendo visto, en muchos casos, como un signo de debilidad, lo que reduce aún más la posibilidad de que los elementos busquen ayuda.
Un problema estructural
El dato del 12% podría ser solo la punta del iceberg.
Expertos advierten que la cifra real podría ser mayor debido a:
Falta de diagnósticos sistemáticos
Subregistro de casos
Ausencia de seguimiento psicológico continuo
Además, el despliegue constante de las fuerzas armadas en tareas de seguridad pública ha extendido la exposición al riesgo mucho más allá de lo que originalmente estaba previsto.
Militarización sin atención integral
El debate de fondo va más allá de las cifras. La creciente participación del Ejército en tareas de seguridad pública ha sido una de las estrategias centrales del Estado mexicano en los últimos años. Sin embargo, la atención a la salud mental de los elementos no ha avanzado al mismo ritmo.
Esto plantea una pregunta incómoda:
¿Está el Estado preparado para cuidar a quienes envía a enfrentar la violencia?
Una deuda pendiente
Mientras el país sigue dependiendo de las fuerzas armadas para contener la inseguridad, el costo humano dentro de las propias instituciones permanece en gran medida fuera del debate público.
Porque detrás de cada cifra, hay historias que no aparecen en los reportes oficiales.
Y en una guerra que no termina, las secuelas tampoco.


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