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Estudios revelan que menores ya están expuestos a sustancias como el cristal desde primaria. El problema no solo crece… se adelanta.


La alerta ya no está en los jóvenes… está en los niños.


En Oaxaca, el consumo de drogas comienza desde los 10 años, de acuerdo con datos del Sistema de Protección Integral de Niñas, Niños y Adolescentes (Sipinna), lo que enciende focos rojos en autoridades, escuelas y familias.


El dato no es menor: implica que el primer contacto con sustancias ocurre en plena infancia, mucho antes de lo que históricamente se había registrado.


El problema se adelanta


De acuerdo con estudios respaldados por el Centro de Integración Juvenil y México Unido contra la Delincuencia, la adicción puede desarrollarse en apenas 1.5 años, acelerando un proceso que antes tomaba más tiempo.


Además, el panorama es claro:


  • 5 de cada 10 personas con adicción consumen cristal 

  • 7 de cada 10 probaron alcohol entre los 12 y 18 años 


El problema ya no es solo qué consumen… sino qué tan pronto empiezan.

Regiones en foco rojo


Las zonas más afectadas son:


  • Valles Centrales

  • Istmo de Tehuantepec


Regiones donde el acceso, la normalización y la falta de contención social han facilitado la expansión del consumo en edades cada vez más tempranas.


Y el patrón no es aislado.


Otros reportes en el estado ya advertían casos aún más extremos: niños que comienzan a experimentar con sustancias desde los 8 años, lo que confirma una tendencia preocupante.


Curiosidad, presión y entorno

El dato más inquietante quizá no es el consumo… sino la intención.


Se estima que 7 de cada 10 menores han sentido curiosidad por probar drogas, lo que revela un entorno donde el contacto con sustancias no es lejano, sino cotidiano.


Factores como:


  • violencia familiar

  • presión social

  • falta de acompañamiento

  • problemas emocionales


aparecen como detonantes constantes.


Un problema estructural, no aislado


Aunque las autoridades han impulsado programas como “Sin drogas, salva tu vida”, enfocados en prevención y orientación, el reto parece ir más rápido que la respuesta institucional. Talleres en escuelas, campañas informativas y redes de apoyo buscan contener el problema… pero llegan cuando muchos menores ya estuvieron expuestos.


Más allá de Oaxaca


El fenómeno no es exclusivo del estado. A nivel internacional, reportes recientes advierten que la edad de inicio en el consumo de sustancias también está bajando, con casos documentados desde los 11 años en otros países.


La diferencia es que en Oaxaca el fenómeno se cruza con condiciones más complejas:desigualdad, violencia y presencia del narcotráfico.


El problema ya no es si los jóvenes consumen drogas.


Es que la infancia está entrando al circuito antes de lo que el sistema puede contener.


Y mientras las cifras avanzan…la respuesta sigue llegando tarde.


 

Con la guerra en Medio Oriente presionando los mercados, ambos países aceleran acuerdos para ampliar exportaciones de petróleo y fortalecer su relación estratégica.



En medio de la tensión global por la guerra con Irán y el impacto en los mercados energéticos, México y Japón han decidido estrechar su relación comercial con un enfoque claro: asegurar suministro… y aprovechar la coyuntura.


La presidenta Claudia Sheinbaum confirmó que ambos países avanzan en acuerdos para fortalecer el comercio bilateral y ampliar la venta de petróleo mexicano, en un momento donde la estabilidad energética se ha convertido en prioridad mundial.


Energía: el eje del nuevo acercamiento

El punto clave de la conversación fue el petróleo.


Japón, altamente dependiente de importaciones energéticas, ha comenzado a buscar proveedores alternativos ante la disrupción provocada por el conflicto en Medio Oriente, particularmente por el riesgo en el estrecho de Ormuz.


En ese contexto, México aparece como una opción estratégica. De hecho, ambos gobiernos acordaron el envío de hasta un millón de barriles de crudo mexicano a Japón, como parte de un esquema de cooperación energética.


El movimiento no es menor: refleja un giro en la estrategia comercial mexicana, que durante años había priorizado el mercado estadounidense.


Más que petróleo: una relación en expansión


Pero el acercamiento va más allá del crudo.


El diálogo también incluye:


  • Inversión japonesa en México

  • Mejores condiciones para empresas niponas

  • Cooperación en seguridad económica

  • Intercambio tecnológico y ambiental


Japón incluso planteó la creación de un marco formal de diálogo económico para elevar la relación bilateral a un nivel más estratégico. Actualmente, la relación comercial ya es relevante, aunque desigual: México exporta alrededor de 4 mil millones de dólares a Japón, mientras importa más de 18 mil millones, principalmente en tecnología y maquinaria.


El factor Irán: el verdadero detonante

Detrás del acercamiento hay un factor clave: la crisis energética global.


El conflicto en Medio Oriente ha alterado las rutas de suministro y disparado la incertidumbre en los mercados. Países como Japón —que dependen en gran medida del petróleo de esa región— buscan urgentemente diversificar sus fuentes. Y ahí entra México.


No como potencia energética dominante, pero sí como proveedor alternativo en un momento crítico.


¿Oportunidad o ajuste forzado?


El movimiento también abre preguntas.


México ha impulsado en los últimos años una política de refinación interna, reduciendo exportaciones de crudo para procesarlo localmente. Sin embargo, la presión internacional y los precios del petróleo podrían estar obligando a ajustar esa estrategia. En otras palabras:la geopolítica está empujando decisiones económicas.


El acercamiento entre México y Japón no es casual.


Es el resultado de un tablero global en movimiento, donde la energía vuelve a dictar alianzas.


Y en ese escenario, México no solo participa…empieza a jugar un papel más estratégico.



El clásico lomito de pelaje amarillo que recorre calles y hogares en todo México fue reconocido como una “raza nacional”. Más que un tema biológico, el anuncio abre un debate sobre identidad, adopción y la forma en que el país mira a sus animales.



El perro más común de México acaba de convertirse en el más simbólico.


El llamado “perro caramelo” ese lomito de pelaje amarillo o miel que aparece en colonias, pueblos y ciudades, fue reconocido oficialmente como una raza 100% nacional, en una decisión que rápidamente se volvió viral.


Pero detrás del entusiasmo, hay un matiz importante: no se trata exactamente de una raza en términos científicos.


Un reconocimiento más cultural que biológico


El anuncio, impulsado por autoridades ambientales como la Procuraduría de Protección al Ambiente del Estado de México, busca algo más profundo que clasificar genéticamente a un perro.


En realidad, el “perro caramelo” representa a millones de perros mestizos que forman parte de la vida cotidiana en el país.


Es decir, no es un linaje definido, sino un símbolo social.


A diferencia de razas como el Xoloitzcuintle o el Chihuahua, el caramelo no tiene pedigrí ni estándares internacionales. Pero sí tiene algo que pocas razas poseen: presencia masiva en la vida real de México.


Del abandono al orgullo nacional


Durante años, los perros mestizos han cargado con un estigma:ser vistos como “de la calle”. El reconocimiento busca darle la vuelta a esa narrativa.


Según especialistas y autoridades, esta decisión pretende:


  • Fomentar la adopción

  • Reducir el abandono

  • Impulsar la tenencia responsable


Porque, irónicamente, los perros más comunes también suelen ser los más vulnerables.


El “caramelo”: resistencia hecha perro


Más allá del simbolismo, el perro caramelo también destaca por su biología.

Su genética diversa —producto de décadas de cruces naturales— lo hace más resistente a enfermedades hereditarias comunes en razas puras.

En otras palabras:mientras muchas razas “de catálogo” enfrentan problemas de salud por selección artificial, el caramelo es resultado de la adaptación.

Un sobreviviente urbano.


¿Reconocimiento real o gesto simbólico?


El anuncio ha generado orgullo… pero también preguntas.

Porque aunque se le denomine “raza nacional”, en realidad no cumple con los criterios científicos tradicionales para ser considerada como tal.

Esto abre un debate interesante:

¿Se trata de un reconocimiento legítimo… o de una estrategia simbólica para cambiar la percepción social?


Un reconocimiento que no es único


Aunque el caso mexicano ha generado conversación, no es el primero en su tipo.


En Brasil, por ejemplo, también se ha impulsado el reconocimiento del llamado “vira-lata caramelo”, un perro mestizo de características muy similares al mexicano, como símbolo cultural del país.


Al igual que en México, no se trata de una raza formal bajo criterios científicos, sino de un reconocimiento social y cultural hacia los perros mestizos que predominan en las calles y hogares brasileños.


El “vira-lata caramelo” incluso ha sido promovido en campañas públicas, memes y propuestas legislativas como un emblema nacional, reforzando la idea de que estos animales representan una identidad colectiva más allá del pedigrí.


Más allá del perro


El fondo del tema va más allá de los animales.

El “perro caramelo” no solo representa a los lomitos mestizos, sino a algo más amplio:la identidad cotidiana de México.


Ese México que no siempre tiene etiqueta, pero que está en todas partes.


El país que durante años volteó a ver razas extranjeras ahora pone en el centro a su perro más común.


No por su pedigree.

No por su estética.

Sino por su historia.


Y en ese giro, el “perro caramelo” deja de ser invisible… para convertirse en símbolo.



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