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Las elecciones al Congreso redefinieron el mapa político colombiano y dejaron claro que la carrera presidencial de 2026 ya comenzó. El bloque del presidente Gustavo Petro logró consolidarse en el Senado, mientras la oposición intenta reorganizarse para la disputa por el poder.



Colombia entró oficialmente en modo electoral. Las elecciones legislativas celebradas el 8 de marzo no solo renovaron el Congreso, sino que también funcionaron como el primer gran ensayo político rumbo a la elección presidencial de mayo de 2026.


Los resultados dejaron una señal clara: el Pacto Histórico, el movimiento político que respalda al presidente Gustavo Petro, logró consolidarse como la principal fuerza en el Senado. La coalición obtuvo cerca de 4.4 millones de votos, equivalentes a alrededor del 22.7%, lo que se traduce en aproximadamente 25 curules, fortaleciendo su peso dentro del Congreso.


Aunque el resultado representa un avance para el oficialismo, el nuevo Congreso dista de ser un terreno completamente favorable. La oposición también mostró músculo político. El Centro Democrático, partido vinculado al expresidente Álvaro Uribe, alcanzó cerca de 3 millones de votos y alrededor de 17 escaños, consolidándose como uno de los principales bloques de oposición.


Otros partidos tradicionales, como el Partido Liberal y el Partido Conservador, también lograron mantener una presencia relevante en el Senado, lo que confirma que la política colombiana sigue marcada por un equilibrio inestable entre fuerzas tradicionales y nuevas coaliciones.


Pero más allá del reparto de curules, el verdadero mensaje de las legislativas está en la batalla presidencial que se avecina. En Colombia, el presidente no puede reelegirse de forma inmediata, por lo que Gustavo Petro no podrá competir nuevamente en 2026.

Eso ha convertido estas elecciones en un termómetro político para medir qué bloques llegan con mayor fuerza a la próxima contienda.


Dentro de la izquierda, figuras cercanas al petrismo como Iván Cepeda comienzan a perfilarse como posibles herederos del proyecto político del actual gobierno. Mientras tanto, en la derecha, nombres como Paloma Valencia, respaldada por el uribismo, buscan capitalizar el descontento con la gestión de Petro y posicionarse como alternativas de poder.


El escenario que deja el nuevo Congreso refleja una realidad que ya se veía venir: Colombia sigue profundamente polarizada. Ningún bloque político domina completamente el tablero y el resultado de las legislativas anticipa una elección presidencial competida y abierta.


Con el Senado ya definido y las candidaturas presidenciales comenzando a tomar forma, el país entra ahora en la siguiente fase de su calendario electoral: una campaña que promete ser intensa y que definirá si el proyecto político de Petro logra continuidad o si Colombia gira nuevamente hacia la oposición.

El brote de sarampión que se mantiene activo en México desde 2025 continúa cobrando víctimas. Autoridades de salud confirmaron que el número de fallecimientos ascendió a 34, mientras los contagios superan ya los 12 mil casos en el país.



El brote de sarampión en México sigue escalando y ya dejó 34 personas fallecidas, según el más reciente reporte de la Secretaría de Salud. El último caso confirmado ocurrió en el estado de Sinaloa, lo que mantiene encendidas las alertas sanitarias en el país.


De acuerdo con datos oficiales, entre enero de 2025 y marzo de 2026 se han registrado más de 12 mil 500 casos confirmados de sarampión en territorio nacional, en medio de un brote que se ha extendido a prácticamente todo el país.


Las muertes se han distribuido en al menos 10 estados, siendo Chihuahua el más afectado con 21 fallecimientos, seguido por Jalisco con cuatro. También se han reportado decesos en Durango, Sonora, Michoacán, Tlaxcala, Ciudad de México, Chiapas, Guerrero y recientemente Sinaloa.


En el caso más reciente, autoridades de salud de Sinaloa confirmaron la primera muerte asociada al sarampión en la entidad, lo que elevó el total nacional a 34 víctimas desde que comenzó el brote.


El incremento de casos ha generado preocupación entre especialistas y autoridades sanitarias, que advierten que el virus continúa propagándose en diversas regiones del país. De hecho, el sarampión ya ha sido detectado en los 32 estados y en más de 400 municipios, lo que refleja la magnitud del brote actual.


Aunque el sarampión es una enfermedad prevenible mediante vacunación, el avance del brote ha reabierto el debate sobre las brechas en las coberturas de vacunación y los retrasos en campañas de inmunización en distintas regiones del país.


Ante este panorama, autoridades de salud reiteraron el llamado a completar los esquemas de vacunación, especialmente en niñas, niños y personas que no cuentan con las dosis contra esta enfermedad altamente contagiosa.


Mientras tanto, el brote continúa activo y la cifra de contagios sigue creciendo, lo que mantiene a México bajo vigilancia epidemiológica en medio de una enfermedad que durante años se consideró prácticamente controlada.

Durante una cumbre regional sobre seguridad, el presidente de Estados Unidos lanzó una dura crítica contra México por la violencia del narcotráfico, pero al mismo tiempo dedicó elogios personales a la presidenta Claudia Sheinbaum, generando una mezcla de diplomacia incómoda y presión política.



El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, volvió a colocar a México en el centro del debate sobre seguridad en el continente. Durante una cumbre regional sobre combate al narcotráfico, el mandatario afirmó que “México es el epicentro de la violencia de los cárteles”, una declaración que reavivó la tensión política entre ambos países.


Sin embargo, en medio de esa crítica frontal, Trump matizó su discurso con comentarios inesperadamente elogiosos hacia la presidenta mexicana Claudia Sheinbaum, a quien describió como “una muy buena persona”, además de destacar que tiene “una hermosa voz”.


La combinación de halagos personales con señalamientos duros no pasó desapercibida. Mientras Trump insistía en que los cárteles mexicanos representan una amenaza para la seguridad regional, también planteó que su gobierno busca una estrategia más agresiva para combatirlos, incluso comparando la lucha contra el narcotráfico con las operaciones militares que Estados Unidos llevó a cabo contra ISIS en Medio Oriente.


Las declaraciones se dieron en el contexto de la llamada “Cumbre Escudo de las Américas”, una iniciativa impulsada por Washington para coordinar acciones militares y de seguridad contra el narcotráfico en América Latina. El plan contempla una coalición regional para enfrentar a los cárteles, aunque México no forma parte de ese bloque.


El mensaje de Trump fue claro: para su administración, los grupos criminales que operan en México no solo representan un problema interno, sino una amenaza directa para la seguridad de Estados Unidos y del hemisferio.

Desde México, la reacción fue mesurada. La presidenta Sheinbaum pidió mantener “cabeza fría” ante los señalamientos del mandatario estadounidense y evitó escalar el conflicto diplomático, señalando que ambos países deben mantener la cooperación en materia de seguridad.


El episodio refleja una constante en la relación bilateral: mientras Washington endurece el discurso sobre el narcotráfico y la violencia, el gobierno mexicano busca mantener el equilibrio diplomático sin aceptar abiertamente la narrativa de intervención o presión externa.


En el fondo, el mensaje político parece claro. Trump insiste en presentar a México como el centro del problema del narcotráfico en la región, pero al mismo tiempo evita romper completamente el tono con la presidenta mexicana. Un equilibrio extraño entre crítica, diplomacia y presión que vuelve a colocar la seguridad y los cárteles en el centro de la relación entre ambos países.

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