Separarnos está en chino

Actualizado: 15 de oct de 2019

Por: Stephanie Henaro


El cambio es la única constante y lo cierto es que las certezas que se lograron hace un cuarto de siglo con el Tratado de Libre Comercio de Norteamérica (TLCAN) han dejado de serlo.



Estados Unidos sigue siendo el eje rector de nuestra economía y la Guerra Comercial nos ha ayudado a reafirmarlo. Ahora somos su primer socio comercial, somos infinitamente más dependientes y ante tanta incertidumbre separarnos de ellos está en chino. Literal.


Y con esto me refiero a la dificultad de que nuestra sufrida, abnegada y codependiente economía se separe de aquel país que le pide todo “sin compromisos”, en un momento en el que el marco del TLCAN parece pintado y en el que el T-MEC se encuentra colgando de una cuerda floja, y a la posibilidad de que México desafíe su posición geográfica para consolidar una relación económica con China que se ha venido acrecentando en los últimos 47 años.


Porque a pesar de que esto último es algo tan difícil de imaginar como lo fue el hecho de que Estados Unidos se convertiría en potencia mundial después de la Segunda Guerra Mundial esto podría, en algún punto del tiempo, sonar como algo no tan descabellado.


Porque dadas las circunstancias no podemos quedarnos cruzados de brazos y porque una nueva visión hacia el futuro es necesaria.


¿Ya se entiende por qué digo que separarnos está en chino?


A China se le ve cada vez más como una potencia que lleva décadas creciendo a tasas extraordinarias y cada día rivaliza más con Estados Unidos. De ahí que en este momento estén metidos en una Guerra Comercial en la que se juega el cetro del dominio mundial.


China es la segunda economía del mundo en dólares corrientes y la primera en términos de paridad adquisitiva. Desde hace 47 años mantiene relaciones con México y tal parece que desde entonces el amor ha ido creciendo. Pero aún le falta mucho y ante los ojos de Estados Unidos esto podría tratarse de un amor prohibido.


Si no, échenle un ojito al capítulo 32 del T-MEC.


Pero bueno. Regresando a la relación de México y China hay que subrayar que en el 2013 se estableció una Asociación Estratégica Integral entre ambas naciones y tan sólo del 2006 al 2016 el intercambio comercial entre ambos países se incrementó en un 187%.


De 1999 a 2016, la inversión de China en México fue de 485.000 millones de dólares, una cifra muy baja si se compara con otros países, pues entre 1999 y 2014, sólo representó el  0.1 % de la inversión extranjera directa.


Mientras tanto Estados Unidos se mantiene como nuestro principal inversionista. Tan sólo entre 1999 y 2016 invirtió 213,533.9 millones de dólares. Representado el 46% de la Inversión Extranjera Directa acumulada de ese periodo.


A pesar de que no existe una política una política de Estado en México implícita hacia China, México se mantiene como el segundo socio comercial de China en América Latina, con base en datos de la Secretaría de Relaciones Exteriores, y apenas el pasado 23 de julio, inversionistas de la República Popular China sostuvieron reuniones con representantes de la Cámara Alta de nuestro país.


Destacando el interés de los asiáticos en invertir en infraestructura, turismo y otros sectores, además de incrementar el comercio bilateral. Enfatizando que Pekín mantiene su interés para participar en la construcción del Tren Maya, uno de los principales proyectos del presidente López Obrador.


Acto que ha sido considerado, en la voz de varios expertos, como una "jugada estratégica" del Gobierno mexicano que por una parte fortalece las relaciones con China y por otra envía un "mensaje" a Estados Unidos para que acelere la ratificación del T-MEC.


Sin embargo, aunque en los últimos 20 años se han venido haciendo esfuerzos intermitentes por parte de las Secretarías de Economía y Hacienda para darle mayor dinamismo a la relación con Pekín, las instituciones responsables de facilitar este intercambio aun son muy débiles.


El foco ha sido el intercambio comercial con EE.UU. Según el Observatorio de Complejidad Económica del Massachussets Institute of Technology (MIT), 73% de las exportaciones de México tienen por destino la economía estadounidense; en contraste, el segundo destino, Canadá, únicamente recibe 6.1%. De igual manera, 51% de las importaciones a México provienen de EE.UU.; a China corresponde el segundo lugar, con 15%.


La balanza comercial es desfavorable para México. El año pasado el intercambio comercial de China a México fue de 74 mil millones de dólares, mientras que de productos mexicanos al país asiático fue de 6.8 mil millones de dólares, por lo que hay un déficit muy grande.


Con esto volvemos al punto de dónde partimos y repito que hoy por hoy separarnos de Estados Unidos está en chino porque esto implica un grado de dificultad que, al parecer, va más allá de las cifras.


Porque al lanzarse la licitación para construir la séptima refinería en México, en el puerto de dos Bocas, Tabasco no se invitó a empresas chinas. Siendo que el gigante asiático es el campeón mundial este sector.


¿Tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos?


México y China son economías emergentes que se encuentran en el momento adecuado para comenzar un nuevo capítulo en su relación bilateral. La llegada del nuevo gobierno coincide con la conmemoración del 70 aniversario de la fundación de la República Popular China y la iniciativa de "La Franja y la Ruta” de este país se complementa con las necesidades del nuestro.


Porque dicha iniciativa, lanzada en el 2013, se centra en la construcción de redes de infraestructura y comercio para buscar el desarrollo y la prosperidad común.


Estrategia difícil de implementar en un país que, como bien lo decía el finado Adolfo Aguilar Zinser, “es el patio trasero de Estados Unidos.”


De cualquier manera no será hasta el tercero o cuarto decenio del presente siglo cuando se manifiesten los alcances reales del impulso de China al desarrollo multiregional con esta iniciativa y veremos si separarnos sigue estando en chino tanto por la dificultad como por las oportunidades que China representa.


Porque así como hay mucha incertidumbre en la relación con Estados Unidos, en China no hay indicios de que vaya a haber grandes cambios políticos en los próximos 10 o 15 años.


Veremos qué pasa.


Porque a estas alturas del partido buscar un tratado de libre comercio con China sería hablar de un “amor prohibido que lo dice todo el mundo”. Porque este entraría en conflicto con el T-MEC y con el Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP).


Mientras tanto preparémonos para las turbulencias comerciales de la guerra de las dos economías más grandes del mundo, y de los arranques comerciales de Trump hasta el 2024.


Separarnos está en chino.


El último en salir apague la luz.



*Las opiniones vertidas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan, necesariamente, la forma de pensar de la Revista El Aguachile.

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