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Por Sergio Anzaldo


Aceptando sin conceder que todos tengan razón en la intensa polémica alrededor de las conferencias matutinas (las famosas “mañaneras”), es evidente que su peso en la comunicación política de México no ha hecho más que evolucionar. A un año del gobierno de Claudia Sheinbaum, vale la pena mirar hacia atrás, comparar, y ver qué ha cambiado… y qué permanece.



Las mañaneras de antes.


Andrés Manuel López Obrador llevó a cabo conferencias matutinas ya cuando fue Jefe de Gobierno del entonces Distrito Federal, alrededor del 2000-2006, con la intención de provocar una ruptura mediática: quería penetrar directamente el ciclo informativo nacional ante medios dominantes, para que su voz y narrativa no dependieran de los grandes noticieros de TV o los periódicos.


Recordemos que en el 2000 El Canal de las Estrellas era prácticamente el único medio de alcance nacional, así las notas que marcaban la agenda nacional eran las que aparecían en el noticiero nocturno de la televisión. Los periódicos, de alcance mucho más restringido, publicaban las noticias del día anterior. En ese momento la radio matutina estaba condenada a replicar la información de la TV y de los periódicos. Sólo Gutiérrez Vivó pudo posicionarse como el noticiero radiofónico número uno de la Ciudad al convertirse en una suerte de premoción del Waze con la información vial.


En este horizonte, nadie calibró el impacto que alcanzarían las Mañaneras que AMLO inició el 31 de mayo de 2001. Modificó el ciclo informativo de la época al colocar a la radio como el centro de las primicias informativas en tiempo real, desplazando a la TV.


De ahí la pertinencia estratégica de realizarlas a las 6.30 de la mañana. Su intención no era competir con los noticieros matutinos de la época, sino de posicionarse como la principal fuente informativa de la radio para que pudiera competir con la TV y los periódicos por la agenda pública. Con el tiempo la TV y los periódicos tuvieron que retomar la información de las mañaneras, so pena de quedarse rezagados en la competencia informativa.


Esta estrategia la aderezó con información apegada a criterios noticiosos: oportuna, cercana, sorprendente, polémica, beligerante, etc. pero nada light. Así estuvo en condiciones de competir por la agenda mediática con el gobierno federal encabezado por el primer presidente que derrotó al PRI después de 70 años de gobierno, Vicente Fox, quien, por cierto, desde el primer mes de su mandato cedió el escenario mediático, nacional e internacional, al inefable Sub-Comandante Marcos, a Dorito y al Zapatour y luego a su vocero presidencial.


Las 1,377 mañaneras le permitieron a AMLO definir la agenda mediática

nacional desde el gobierno local, posicionarse nacionalmente, así como alcanzar y mantener amplios márgenes de aprobación que darían sustento a sus aspiraciones presidenciales. Además, centralizó la información evitando contradicciones a su narrativa, construyó una fuente periodística cercana y confiable nulificando las entrevistas banqueteras. Este fue el saldo de las 39,117 preguntas que contestó AMLO en sus mañaneras como jefe de Gobierno del D.F.


Las mañaneras de hoy.


De acuerdo con lo expresado por el propio presidente López Obrador durante su primera emisión, el propósito de la nueva temporada de las mañaneras es el de garantizar el derecho a la información sobre los asuntos públicos.


Podemos agregar que en esta segunda temporada las mañaneras también se han constituido en uno de sus principales instrumentos de gobernabilidad que le permite mantener, según las encuestas, más del 60% de aprobación, aún en una coyuntura mundial adversa marcada por las crisis sanitaria y económica.


Las mañaneras constituyen un modelo de comunicación política que AMLO desarrolló hace 20 años. Nadie como él pondera su importancia estratégica. Por eso su primera emisión fue su primer acto público de su primer día hábil como presidente, 3 de diciembre de 2018. Recordemos que como jefe de Gobierno le tomó 6 meses encontrar la cuadratura al círculo. Ahora, ya tenía probado el modelo y solo repite lo que ya le dio resultado.


En lo general las mañaneras de antes y las de hoy son el mismo modelo de comunicación, pero con resultados diferentes que obedecen a dos cambios fundamentales de contexto.


En primer lugar, las redes sociales transformaron radicalmente no solo los ciclos informativos, sino también los canales de distribución de contenidos y los hábitos de consumo de medios. Gracias a las benditas redes sociales las mañaneras cuentan con canales propios de distribución de contenido con capacidad potencial de llegar a todo usuario de una red en tiempo real.


Así, los medios tradicionales se ven obligados a retomarlas como fuente informativa, independientemente de si es para criticar o para apoyar lo que se diga. De hecho, entre más polémica, mejor.


En segundo lugar, la dimensión política del emisor, AMLO, cambió cualitativamente. Ahora es presidente de México y con ello se disparó el alcance e impacto consustancial de sus contenidos. Por ejemplo, que yo recuerde nunca lo señalaron por atentar contra la libertad de expresión por sus mañaneras como jefe de Gobierno, como ahora sí lo hacen como presidente de México, siendo que su dinámica argumentativa se ha mantenido más o menos igual de beligerante, directa y personalizada.

En fin, ya habrá tiempo de analizar a detalle la realidad de las mañaneras, como diría el camarada Niklas Luhmann, o de detenerse en la discusión jurídica-política sobre su pertinencia o impertinencia.


Por lo pronto es un hecho que las mañaneras constituyen un arriesgado, pero efectivo modelo de comunicación para aquellos actores políticos que se quieran subir a la batalla mediática. Es probable que veamos algunos rounds de sombra por parte de algunos gobernantes locales, como Samuel García quien prometió un modelo tropicalizado de las mañaneras de AMLO para mantener informados a los neoloneses. La batalla mediática nunca termina. Y seguirá evolucionando de la mano de la tecnología y de la audacia e imaginación de los actores políticos.



Por Eduardo Higuera


Muchos se sorprendieron cuando nuestra presidenta científica, ambientalista, humanista y primera compañera del segundo piso de la transformación mencionó a Marx en su primer informe presidencial.



Pero no hay de qué alarmarse: la doctora tiene también la gran escuela del pensador judío Julius Henry Marx, mejor conocido como Groucho. Y es que cuando el inmortal Groucho Marx —sin parentesco con Karl ni con el Marxismo-Leninismo— dijo: “Lo malo de hacer sugerencias inteligentes es que uno corre el riesgo de que se le asigne para llevarlas a cabo”, parecía estar pensando en nuestra presidenta, quien pasó décadas proponiendo cómo transformar la Ciudad de México, hasta que llegó a la Presidencia… y ahora debe hacerlas realidad, con los mismos retos, pero en tamaño país.


Fue ahí que entendimos que la verdadera filosofía política de la mandataria no se basa solo en las ideas de Juárez, Cárdenas o López Obrador, sino que también bebe del marxismo hollywoodense Groucho. Mire usted: de “El secreto del éxito se encuentra en la sinceridad y la honestidad. Si eres capaz de simular eso, lo tienes hecho.” No queremos insinuar nada, pero la sinceridad de nuestra presidenta ha sido ejemplar: habla con la convicción de una científica que cree en los datos, aunque los datos a veces no crean en ella. Su discurso técnico, su tono doctoral y su promesa de continuidad con cambio son tan sinceros que ya casi olvidamos cuál de las dos cosas era primero.


Y si de continuidad hablamos, desde la primera conferencia matutina —más corta, eso sí— nos ha recordado que su equipo es honesto, que la corrupción se combate con convicción, y que el Tren Maya ya no deforesta… sino “reforesta con propósito”.


“La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados.” Groucho estaría orgulloso. La transformación energética que termina con las energías limpias; la defensa del medio ambiente construyendo refinerías; la seguridad pública confiada a una Guardia Nacional cada vez más militar y menos nacional; la digitalización del gobierno que se cae justo cuando uno intenta registrarse en línea… todo un laboratorio de políticas públicas en donde los experimentos son a escala nacional.


“Damas y caballeros, estos son mis principios. Si no les gustan, tengo otros.”


La congruencia sigue siendo virtud escasa, pero el discurso de la presidenta ha perfeccionado el arte del equilibrio: ni ruptura ni sumisión, ni AMLO ni sin AMLO.


Defiende la autonomía del poder judicial, aunque lo critique; defiende la libertad de prensa, aunque la cuestione; y defiende la democracia, aunque el partido la administre. Una tesis viva sobre física política: la superposición cuántica de la continuidad.


“Me gustan mis errores. No quiero renunciar a la deliciosa libertad de equivocarme.”


Y, hay que reconocerlo, los errores también son parte de la ciencia. Como las consultas ciudadanas que no alcanzan participación, los programas sociales duplicados o los megaproyectos que tardan más que una tesis de doctorado. Pero como buena científica, la presidenta toma nota, ajusta variables y repite el experimento.


Por eso, cuando algunos gritan “¡comunismo!”, no hay que preocuparse. En realidad, la presidenta no citó al autor de El Capital, sino al gran cómico que nos enseñó que la realidad puede ser absurda y divertida al mismo tiempo. Y aunque a veces el país parezca una película de los Hermanos Marx, al menos seguimos en escena.

En México, un tema que rara vez sale a la luz con la debida urgencia es el robo de fuentes radioactivas. En los últimos diez años, se han registrado 33 casos de hurto de este tipo de material peligroso, lo que ha activado alertas en los tres órdenes de gobier no y generado preocupación en especialistas por el riesgo que implican para la salud pública y el medio ambiente.


Este fenómeno no ocurre por casuali dad: la mayoría de los robos surgen como colateral del robo de vehículos o herramientas, dado que los equipos que contienen las fuentes radioacti vas (como densímetros o cámaras industriales) se presentan como instrumentos caros o prototípicos. Pero, ¿cuán grave es esta situación? ¿Qué estados concentran más casos?


¿Qué medidas se han tomado y qué tan efectivas han sido? En este artículo exploramos el problema, los impactos y algunas posibles soluciones. ¿Qué son estas “fuentes radioactivas” y para qué se usan?


Antes de entrar en cifras, conviene entender qué se roba y por qué puede ser peligroso: Muchos de estos aparatos son herramientas industriales densímetros nucleares que miden la densidad y humedad en suelos o asfaltos, o cámaras de radiografía industrial para inspeccionar soldaduras y ductos. Internamente contienen cápsulas selladas con isótopos como Iridio-192, Americio-241/ Berilio, Cesio-137, Yodo-131, entre otros.


Su uso controlado es fundamental en industrias de construcción, petroquímica, refinerías y en inspec ción de infraestructura crítica. Si esas fuentes son manipuladas indebidamente o expuestas al ambiente, pueden emitir radiación ionizante (rayos gamma, neutrones, etc.), provocando desde quemaduras en la piel hasta daño en médula, heridas internas o efectos a largo plazo como cáncer. Así, aunque el robo no esté motivado por un propósito de “arma”, el simple desconocimiento de los ladrones puede desencadenar una catástrofe.


Panorama del robo de fuentes radioactivas en México (2015–2025)

Cifras generales


En la última década, se contabiliza ron 33 robos de fuentes radioactivas. De esos, 22 fueron recuperadas, 9 siguen desaparecidas, y en 2 casos no se ha podido precisar el destino. En 2017 y 2023 se concentraron casi la mitad de los casos: 7 en 2017 y 6 en 2023. Otros años con múltiples robos fueron 2018 (4 casos), 2019 / 2021 / 2022 (3 casos cada año). En 2024 se registró apenas 1 robo.


Riesgos y consecuencias del robo Los efectos de estos robos pueden ser severos:


Exposición a radiación: Si alguien abre la cápsula o rompe el blindaje, puede recibir dosis peligrosas en minutos. Las manifestaciones incluy en enrojecimientos, ampollas, necrosis celular, daño ocular e incluso afectación de médula ósea.


Contaminación ambiental: Si el material radiactivo se esparce (por incendio, derrame, manipulación), puede contaminar suelos, agua o instalaciones, obligando a evacua ciones y un proceso costoso de descontaminación.


Crisis de salud pública: Personas que manipulan estas fuentes sin protección pueden tener efectos inmediatos o a mediano plazo. En un escenario grave, puede generarse pánico, sobrecargas al sistema de salud y fuga informativa.


Impactos legales y responsabilidad institucional: Las entidades que empelan o custodian estos equipos tienen la obligación de resguardar las fuentes de forma segura. Si hay negligencia, pueden enfrentar sanciones y demandas.


Casos representativos Un caso ampliamente citado ocurrió el 1 de agosto de 2017, en Nuevo León: ladrones sustrajeron una caja amarilla de la cajuela de un vehículo, que contenía densímetros con dos cápsulas selladas (Cesio-137 y Americio/Berilio). Al percatarse del robo, las autoridades lanzaron una alerta nacional y movilizaron a Protección Civil.


Cuando los responsables fueron detenidos días después, confesaron que incluso habían abierto la caja en su casa sin saber lo que contenía, poniendo en riesgo a su familia.


Otro incidente ocurrió en Hermosillo, Sonora, en febrero de 2023, cuando un densímetro nuclear fue robado de un vehículo entre colonias locales. Finalmente fue recuperado y se pidió a la población no manipularlo. Estos ejemplos muestran que no siempre hay premeditación: muchas veces los ladrones creen robar herramientas caras o cajas valiosas sin saber que contienen material radiactivo. A futuro, si México avanza en su regulación nuclear, vigilancia tecnológica y coordinación institucional, es posible que estos robos disminuyan y sus consecuen cias se controlen más rápido.


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