Clases Medias: ¿Harakiri de AMLO?

Por Sergio Anzaldo

El harakiri. A simple vista la campaña contra las clases medias que lanzó AMLO a raíz de los resultados electorales parece un despropósito, una rabieta condenada al fracaso, una suerte de harakiri político. Lo que de entrada no checa con el olfato y experiencia política de quien, contra todos los pronósticos, llegó a la presidencia de la República de manera arrolladora en su tercer intento. Tratemos de averiguar cuáles son las cuentas que está haciendo, sobre todo en el caso de la Ciudad de México, para entender la eventual racionalidad de su estrategia y no quedarnos con descalificación propia del bote pronto.


La CDMX. En un país más bien conservador, la CDMX es el símbolo de la izquierda y encarnación del pensamiento progresista en México desde 1997, fecha en que inicia la etapa actual en que se eligen democráticamente los otrora jefes de Gobierno del Distrito Federal, hoy de la CDMX. Hasta ahora, todas las elecciones en la ciudad las han ganado las opciones de izquierda. Incluso en el 2000 la CDMX fue el valladar que resistió la ola azul nacional y pudo generar un contrapeso político, encabezado por AMLO, frente a los gobiernos federales del PAN y del PRI durante 18 años.


El enojo. Acaso esto explica el desconcierto y enojo frente a los resultados electorales del pasado 6 de junio del 2021: Morena perdió 9 de 16 alcaldías, por mencionar únicamente las posiciones que representan un retroceso político, territorial y presupuestal que configuran una nueva correlación de fuerzas para los procesos electorales del 22, revocación de mandato, y del 24, renovación de todos los niveles de gobierno.


Los números. Sin duda las clases medias votaron en contra de Morena este año y determinaron los resultados electorales en las 9 alcaldías que perdió. La pregunta fundamental es si para los siguientes procesos electorales estos números alcanzan a la oposición para seguir avanzando y arrebatar a Morena la Jefatura de Gobierno. Cómo siempre, la respuesta es depende… Veamos algunos ejercicios aritméticos.


Escenario inercial. Pensemos en que se mantiene sin cambio el escenario electoral del 2021. Morena va con PT y se mantiene la Alianza del PAN, PRI y PRD. Se repiten los números de la elección del 21 para alcaldes, con la misma participación del 52.05% que se alcanzó ese año. Morena y PT obtienen un total de 1,410,272 sufragios que representan 373,798 votos menos que el 1,784,070 de la Alianza y de las sumas de todas combinaciones posibles de los votos que cada partido integrante obtuvo.


Escenario inercial sin Alianza. Aunque improbable, pensemos en un escenario en que se diluye la Alianza del PAN, PRI y PRD y en el que se mantiene la misma participación del 52.05%. del 2021. Morena y PT ganan con su 1,410,272 de votos. El ejercicio es simple. A los 1,784,070 votos de la Alianza del 2021, se le restan los 457,696 votos que el PRI obtuvo en el 2018, dejando al PAN y al PRD con 1,326,374 sufragios, 83,898 votos menos que los de Morena PT.


Escenario con incremento en la participación. Aunque respetable, el 52.05% de la participación electoral de este año en la CDMX es 17.97 puntos porcentuales menor a la del 2018 que alcanzó el 70.09%. Es probable que en el 24 la intensidad de la disputa política incremente la participación. Hagamos cuentas hipotéticas. Pensemos que en el 18 los partidos alcanzaron sus máximos y revisemos el porcentaje de votación que perdieron en el 21 de manera proporcional. Morena PT perdieron 750,024 votos pasando de 2,160,216 en 2018 a 1,410,272 tres años después. Es decir, perdieron el 35% de su votación, prácticamente el doble de los 17.97 puntos porcentuales que bajó la participación entre una elección y otra. Por su parte, la sumatoria de los votos obtenidos por el PAN, PRI y PRD en todas sus modalidades entre 2018 y 2021 solo perdieron el 11.5% de su votación. Pasaron de 1,995,306 votos en 2018 a 1,784,070 en 2021, es decir perdieron 211,236 votos menos. La diferencia entre la votación de Morena y PT del 18, 2,160,216 frente a la de la Alianza de 1,995,305 da un saldo favorable al partido del presidente de 164,910 sufragios. En este escenario la estrategia de AMLO de confrontar a la clase media cobra racionalidad política. Está convencido de que los que votaron en contra de Morena este año, lo van a seguir haciendo en el 24. Su apuesta es sacar a votar al 35% de sus adeptos que se quedaron en casa el pasado 6 de junio. Para movilizar a estos 750,024 simpatizantes de Morena y PT la confrontación y la polarización son estrategias que eventualmente pueden dar resultados. El costo es muy alto. Pero no hay que olvidar que en el juego democrático no hay segundo lugar. De ahí la pertinencia discursiva de construir una nueva clase media solidaria. Claro, de izquierda.


La apuesta. Es una apuesta fuerte. Si. Pero no es un harakiri. Por lo menos todavía. Sólo con el tiempo se verá que tanto funciona, o no. Por lo pronto, de acuerdo con datos del Banco Mundial en México la clase media se redujo 3 puntos porcentuales en el año de pandemia al pasar del 30.6 al 27.6% de la población. En pesos y centavos esto significa que sólo ese porcentaje de la población gana entre 8,000.00 a 42,000.00 mensuales, lo que de manera formal los hace pertenecer a la clase media de acuerdo con los parámetros del Banco Mundial. La gran pregunta electoral es en qué lugar del espectro socio económico se ubica el 72.4% restante de la población y cómo perciben su inserción social y política. Pero esta es otra historia. Por lo pronto la apuesta por el 24 parece estar echada.