El ejército hasta en la sopa

Actualizado: 13 de ago de 2019

No solo es la Guardia Nacional, parece que el presidente Andrés Manuel López Obrador considera que el ejército es el más adecuado para llevar a cabo algunos de sus planes más ambiciosos: desde el Aeropuerto de Santa Lucía hasta el reclutamiento de choferes para las pipas de Pemex.

Por: Yair Martínez Madrigal


La decisión de incorporar al ejército en la vida civil, específicamente en lo que tiene que ver con el desarrollo urbano, la obra pública, la seguridad y el abasto de combustibles podría encender las alarmas en cualquier democracia medianamente consolidada del mundo, pero no en México.


En nuestro país, Andrés Manuel López Obrador decidió gobernar con el ejército, hecho inusual para un presidente que recibió un tremendo apoyo popular en las urnas.


No queda claro en qué momento López Obrador decidió poner en manos del ejército sus proyectos de gobierno más ambiciosos: las Fuerzas Armadas se encargarán de construir las dos pistas que se requieren para adecuar el Aeropuerto de Santa Lucía, se convertirán en desarrollador inmobiliario para construir viviendas en los terrenos de una antigua fábrica de armas, se harán cargo de la seguridad de toda la población constituyéndose en una Guardia Nacional, custodiarán y capacitarán a los repartidores de gasolina como parte de la estrategia contra el robo de combustible.


Es cierto que la injerencia de los militares en la vida civil comenzó a finales de 2006 cuando se hizo costumbre ver al ejército en las calles combatiendo criminales, pero el nivel de renuncia de funciones civiles a manos de soldados que hoy vemos no tiene precedentes. Lo anterior supone enormes riesgos que todavía no alcanzamos a dimensionar del todo, pero esa dependencia tiene un punto de partida en el nuevo gobierno: el cambio de narrativa de López Obrador respecto al ejército.


Pese a que la relación entre las Fuerzas Armadas y AMLO había estado marcada por tensiones (recordemos las bastas acusaciones que hizo en campaña sobre el ejército reprimiendo al pueblo y desapareciendo estudiantes), ya como presidente moderó su discurso y ofreció su mano a las fuerzas castrenses. ¿Cuáles fueron las razones de este viraje?

lopezobrador.org

Es claro que López Obrador encontró un país quebrado por la violencia, con una epidemia de asesinatos, un sistema de justicia en crisis y la incapacidad policíaca para responder al crimen. Ante ello, lo más natural es imponer el orden con el ejército, una institución distinguida por su eficaz letalidad y por su capacidad de fuego, a pesar de los enormes riesgos que eso conlleva en materia de derechos humanos.


Otra razón es la incuestionable disciplina y espíritu de cuerpo que tienen los militares, aunque no por ello es una institución prístina ni transparente y mucho menos incorruptible.


Desde la época postrevolucionaria, las Fuerzas Armadas no han perdido sus enormes privilegios y no los perderán ahora con López Obrador.


El ejército ha mantenido una relación de simbiosis con el poder, que ha beneficiado a ambos bandos. Después de todo hacer el trabajo sucio requiere protección e impunidad.


Una última razón de peso para el Presidente de México tiene que ver con su confrontación directa con las élites económicas del país. Es claro que la cancelación del Nuevo Aeropuerto en Texcoco, aunando a otros desencuentros, ocasionó una ruptura entre López Obrador y buena parte del empresariado mexicano, pero chocar con esa cúpula y con los militares al mismo tiempo hubiera supuesto su fracaso anticipado al frente del gobierno.


Por lo anterior, la cercanía del gobierno de AMLO con el ejército es también una declaración de intenciones frente a sus enemigos. Ahora no sólo cuenta con el apoyo popular en las calles, también con el respaldo de las Fuerzas Armadas, lo cual podría sumar mucho más que cualquier facultad constitucional.


*Las opiniones vertidas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan, necesariamente, la forma de pensar de la Revista El Aguachile.

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