Ilusiones y pesadillas migratorias

Actualizado: 13 de ago de 2019

Por: Vicente Amador


Cuando una persona migra a otro estado de la República, o a otro país, lleva en su maleta miedos que lo hacen abandonar su tierra, y/o ilusiones de un futuro más prometedor.


El deseo natural de alcanzar una mayor calidad de vida ─y que no queda muy claro que el creador de este planeta haya repartido primigenios títulos de propiedad─, son argumentos para legitimar el derecho internacional de las personas a la #migración. Por supuesto, con sus límites, cauces y responsabilidades.

Migrantes cruzan el río Suchiate en la frontera entre Guatemala y México. Foto: AFP

La migración es un tema central en nuestro país. Especialmente en las últimas semanas ha ganado visibilidad en virtud de las amenazas del Presidente Trump de aumentar los impuestos a los productos mexicanos si no limitamos la migración regional hacia #EstadosUnidos. Que #México sea un muro para los centroamericanos, pues.


Nos encontramos a pocos días de la primera evaluación de resultados tras el primer acuerdo alcanzado por el Secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard. Más allá de las cuentas que se entreguen, habría que prepararse para futuros embates, con asuntos migratorios o de tráfico de drogas. Seguro vendrán mientras el mandatario estadounidense siga en campaña, necesite aumentar su disminuida popularidad… o tenga Twitter a la mano.


La Encuesta Nacional de la Dinámica Demográfica nos dice que, entre 2013 y 2018, poco más de 760 mil personas emigraron de nuestro país. Y eso que este instrumento no está considerando a las familias que migraron completas ni a los que vivían solos, por la sencilla razón que no estuvieron para ser consultados. Así que seguramente el número es aún mayor.


La estadística también nos dice que en México siete de cada diez migrantes son hombres. De igual manera, que Estados Unidos sigue siendo el destino principal. Le siguen Canadá y España.


Entre las entidades federativas con mayor expulsión de población, se encuentran Jalisco a la cabeza, seguido de Michoacán y Guanajuato. La mayoría se va buscando trabajo. Es la historia de casi siete de cada diez.


También la migración interna, la que se da dentro de nuestro país es muy importante, entre otras razones por su impacto en la planeación de las ciudades: lo cual va ─por poner un ejemplo─ desde la consideración de las necesidades de servicios como el alumbrado, los hospitales o las escuelas… hasta las colonias que se van llenado de casas abandonadas.


Se estima que, del total de la población residente en el país, 22.5 millones (18.0%) son migrantes absolutos, es decir, personas que viven en una entidad federativa distinta a la del nacimiento. De este grupo de migrantes, un millón 74 mil personas nacieron en otro país.


Baja California Sur y Quintana Roo se encuentran dentro de las entidades con mayor atracción de personas; mientras que Guerrero y la Ciudad de México registran la mayor expulsión de población (Cfr. INEGI, ENADID, 2019).


Muchas veces se ha dicho que todos tenemos algo de migrantes. Nos desplazamos buscando mejores escenarios. Al respecto, creo que las personas nos fortalecemos cuando acogemos generosamente a quien lo necesita.


La magnanimidad diplomática que el expresidente Lázaro Cárdenas mostró con el exilio español, por allá de los años treinta, nos permitió tener personajes que enriquecieron enormemente la vida de nuestro país. León Felipe, Remedios Varo, Luis Buñuel, Ramón Xirau, Adolfo Sánchez Vázquez o Aurora Arnáiz son algunos de ellos ─como bien lo ejemplificó recientemente el Presidente del Senado, Martí Batres.


*Las opiniones vertidas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan, necesariamente, la forma de pensar de la Revista El Aguachile.

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