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MARX Y EL DISCURSO DE SHEINBAUM

  • marcomiranda75
  • hace 4 días
  • 3 Min. de lectura

Por Eduardo Higuera


Muchos se sorprendieron cuando nuestra presidenta científica, ambientalista, humanista y primera compañera del segundo piso de la transformación mencionó a Marx en su primer informe presidencial.



Pero no hay de qué alarmarse: la doctora tiene también la gran escuela del pensador judío Julius Henry Marx, mejor conocido como Groucho. Y es que cuando el inmortal Groucho Marx —sin parentesco con Karl ni con el Marxismo-Leninismo— dijo: “Lo malo de hacer sugerencias inteligentes es que uno corre el riesgo de que se le asigne para llevarlas a cabo”, parecía estar pensando en nuestra presidenta, quien pasó décadas proponiendo cómo transformar la Ciudad de México, hasta que llegó a la Presidencia… y ahora debe hacerlas realidad, con los mismos retos, pero en tamaño país.


Fue ahí que entendimos que la verdadera filosofía política de la mandataria no se basa solo en las ideas de Juárez, Cárdenas o López Obrador, sino que también bebe del marxismo hollywoodense Groucho. Mire usted: de “El secreto del éxito se encuentra en la sinceridad y la honestidad. Si eres capaz de simular eso, lo tienes hecho.” No queremos insinuar nada, pero la sinceridad de nuestra presidenta ha sido ejemplar: habla con la convicción de una científica que cree en los datos, aunque los datos a veces no crean en ella. Su discurso técnico, su tono doctoral y su promesa de continuidad con cambio son tan sinceros que ya casi olvidamos cuál de las dos cosas era primero.


Y si de continuidad hablamos, desde la primera conferencia matutina —más corta, eso sí— nos ha recordado que su equipo es honesto, que la corrupción se combate con convicción, y que el Tren Maya ya no deforesta… sino “reforesta con propósito”.


“La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados.” Groucho estaría orgulloso. La transformación energética que termina con las energías limpias; la defensa del medio ambiente construyendo refinerías; la seguridad pública confiada a una Guardia Nacional cada vez más militar y menos nacional; la digitalización del gobierno que se cae justo cuando uno intenta registrarse en línea… todo un laboratorio de políticas públicas en donde los experimentos son a escala nacional.


“Damas y caballeros, estos son mis principios. Si no les gustan, tengo otros.”


La congruencia sigue siendo virtud escasa, pero el discurso de la presidenta ha perfeccionado el arte del equilibrio: ni ruptura ni sumisión, ni AMLO ni sin AMLO.


Defiende la autonomía del poder judicial, aunque lo critique; defiende la libertad de prensa, aunque la cuestione; y defiende la democracia, aunque el partido la administre. Una tesis viva sobre física política: la superposición cuántica de la continuidad.


“Me gustan mis errores. No quiero renunciar a la deliciosa libertad de equivocarme.”


Y, hay que reconocerlo, los errores también son parte de la ciencia. Como las consultas ciudadanas que no alcanzan participación, los programas sociales duplicados o los megaproyectos que tardan más que una tesis de doctorado. Pero como buena científica, la presidenta toma nota, ajusta variables y repite el experimento.


Por eso, cuando algunos gritan “¡comunismo!”, no hay que preocuparse. En realidad, la presidenta no citó al autor de El Capital, sino al gran cómico que nos enseñó que la realidad puede ser absurda y divertida al mismo tiempo. Y aunque a veces el país parezca una película de los Hermanos Marx, al menos seguimos en escena.

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